MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Lecciones de la masacre en Coxcatlán

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Coxcatlán es la puerta de acceso a la Sierra Negra de Puebla. Es un lugar donde en las mañanas se levantan las nubes al cielo para dejar un ambiente fresco y rocío en las flores y en las hojas, cuyos habitantes viven de la agricultura, sembrando maíz, caña de azúcar y cultivando ciruelas, durazno y, en regiones muy pequeñas, aguacate. A este municipio de 20 mil habitantes, aproximadamente, concentrados en su mayoría en la cabecera municipal y cuatro juntas auxiliares (y el resto de pobladores distribuidos en grupos pequeños en 17 inspectorías distantes unas de otras), sólo se accede por estrechas veredas que serpentean desde las faldas hasta las cumbres de la Sierra Negra. Una de estas comunidades de tan sólo 60 habitantes, colindante con Oaxaca, San José El Mirador, fue escenario de un hecho cruento en el que perdieron la vida 11 personas y un bebé de 8 meses de gestación.

La mañana del 10 de junio nos sorprendió esta lamentable noticia que se convirtió en nacional e internacional aunque no con la magnitud de la masacre en Orlando, Estados Unidos. En una modestísima vivienda de adobe, en la madrugada de ese día, aprovechando la oscuridad de la noche, varios sujetos agredieron con armas de fuego y punzocortantes a los humildes habitantes sin importar que se trataba también de niños y mujeres indefensas. En el lugar de la masacre quedaron diseminados los cuerpos de cinco mujeres, cuatro hombres y dos niños.

La prensa ha dado cuenta de los posibles móviles del hecho; en primera instancia, se dijo que era consecuencia un conflicto religioso, entre católicos y evangelistas. Posteriormente, por el número de víctimas se insinuaba que se trataba de un ajuste de cuentas del crimen organizado, aunque pronto descartaron esta versión por la pobreza extrema en que vivían los occisos. Finalmente, se dijo que el motivo fue que una de las mujeres asesinadas hace nueve años fue víctima de violación, y que en ese entonces fue amenazada por el agresor: si lo denunciaba la mataría. La amenaza, pues, se cumplió. Según algunas noticias ya fue detenido uno de los implicados de nombre Carlos Martínez Alva, quien habría cobrado mil pesos por ayudar al autor intelectual y material del multihomicidio. El resto de los asesinos sigue libre y los deudos en espera de que se haga justicia. El pueblo de Coxcatlán se solidarizó con los familiares acompañándolos en este trance difícil, y yo me permito hacer lo propio. La información que los medios de comunicación han dado a conocer tiene un problema: no explican las causas.

Los hechos violentos y el crimen son producto de una sociedad que se descompone, porque el gobierno no resuelve el problema principal que nos aqueja a todos: la pobreza. Veamos. En Coxcatlán, según los datos oficiales, la mayoría de la población vive en extrema pobreza: 13 mil 50 habitantes presentan grados de marginación "alto y muy alto", esto significa que el 66 por ciento de la población carece prácticamente de todo, no cuenta ni en su hogar ni en la localidad con los medios necesarios para su bienestar.

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San José El Mirador, escenario del trágico acontecimiento, no tiene camino y para llegar hasta allí se debe recorrer una brecha de unos 5 kilómetros, no hay agua potable, no hay drenaje, las viviendas son de adobe, con techo de lámina y piso de tierra, el preescolar y la primaria son de Conafe y sólo cuentan con servicio de luz y, claro, tampoco hay trabajo. Bajo estas condiciones de vida, una parte de la población se degrada, se corrompe, se envilece, no puede adquirir la educación y cultura que le permitan una convivencia armónica con la sociedad y en la búsqueda de satisfactores que no puede adquirir como retribución de un trabajo digno se enrola en la delincuencia y, para ejemplo, ahí está la declaración del presunto cómplice ya detenido: por mil pesos ayudó a cometer tan grave delito.

Pero eso no es todo: esta masacre no puede verse como un hecho aislado, como un hecho que no tiene nada que ver con la realidad de la zona y del país. El crimen y quienes son capaces de cometer este tipo de atrocidades son producto de una sociedad que se descompone a pasos acelerados, que se descompone porque hay mucha pobreza y ésta impide que los seres humanos desplieguen sus capacidades y potencialidades en actividades creativas. En un municipio en donde no hay trabajo, en donde no hay educación, en donde nadie imagina una casa de cultura hecha y derecha, en donde no hay espacios deportivos dignos, no es extraño que nazcan engendros dispuestos a asesinar a 11 personas con el objetivo de saciar sus furias internas.

Por eso, nuestra organización lucha contra la pobreza desde hace 42 años, por eso luchamos por vivienda, por servicios básicos, por casas de cultura, por áreas deportivas, por trabajo. Porque tenemos bien claro que la pobreza es la madre de todos los problemas que enfrenta la sociedad, o por lo menos de los más graves. El crimen es hijo de la pobreza y de una sociedad a la que se le busca embrutecer con la violencia que nos llega todos los días a través de los medios de comunicación.

Esta situación de miseria no cambia porque desde los niveles más modestos de gobierno no se aplican políticas encaminadas a mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. ¿Qué hacer para que crímenes como éstos no se repitan? ¿Qué hacer para atacar la raíz al crimen? Hay que atacar las causas profundas que lo generan: atacar la pobreza material y espiritual del ser humano con trabajo, cultura, educación y deporte. Así, la única lección seria que podemos sacar de la masacre en Coxcatlán es que sus habitantes tienen la necesidad y la obligación moral de transformar su realidad de miseria extrema en bienestar para todos. ¿Cuál es el camino que deben seguir? Por el momento no hay otro que el de la unión y la fraternidad entre todos para la lucha decidida que conduzca a nuestro pueblo al progreso y al bienestar para que todos podamos vivir mejor.

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