MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

POESÍAS

Poesía

La Patria Futura

Luis G. Urbina
Declama: Oficina de prensa del Movimiento Antorchista Nacional

 

Como una mano alza una antorcha en la oscura

soledad de la noche, alzo así el pensamiento

sobre la triste sombra de la vida; y fulgura

el ideal en alto, como en el firmamento

brillar suele una estrella dulce, remota y pura.

 

Que mi vos sea digna del solemne momento,

que el corazón se eleve como una nube, a la altura;

que el amor me proteja, que la fe me dé aliento:

heme aquí frete a frente de la Patria futura.

 

¿Quién soy? Soy lo pequeño, soy el hombre: y tú eres

oh juventud, el símbolo, lo grande; de tus seres

la turbe, es muchedumbre de ágiles almas nuevas:

es regocijo y dicha lo que en el seno llevas;

eres banda de ensueños, enjambre de alegría,

flor que comienza a abrirse para mostrar sus galas,

aurora que despunta para romper en día,

nido que se deshace para estallar en alas.

es ambición de vida lo que en tu seno llevas.

 

Yo vengo a saludaros, ágiles almas nuevas.

es un solemne instante; la multitud se inclina

hacia el horno encendido; hierve el bronce y fulgura;

cruje el molde y humea, y en la luz que fascina,

todos, fijos y atentos, quieren ver la divina

aparición gloriosa de la Patria futura.

 

Con el ánimo en éxtasis absorto y recogido,

ansiosamente vemos esta enorme faena:

arded, jóvenes almas, sois el bronce encendido,

y ha de surgir la estatua majestuosa y serena.

Grande labor la vuestra; augusta y grande. ¿Alguna

vez pensasteis en eso? En vuestra vida frágil

y hermosa, y delicada como un rayo de luna

que se quiebra en las frondas, esplendoroso y ágil

en vuestra vida, todo lo porvenir se encierra;

los granos de esperanza, que en ella echamos, duermen,

como los surcos se abren en la fecunda tierra

y el labrador aguarda que fructifiquen el germen,

almas nuevas, semillas, las fuerzas se agoten,

bebed savia, es precioso que las espigas broten.

 

Labor ardua y profunda, sublime y dolorosa,

que emplea esa inconsciente pujanza misteriosa,

que es el colmillo en el lobo, que es antena en la hormiga,

que arde en el sol lo mismo que una lumbre fatua,

que es perfume en la rosa y es espina en la ortiga,

que es el hervor del bronce para formar le estatua,

que es el crujir del grano para lanzar la espiga;

la gran fuerza que a todos los seres da alimento,

que hace giraros mundos y el universo norma,

que en el azul espacio se llama movimiento,

que en la conciencia humana se llama pensamiento,

y que incesantemente vitaliza y transforma

la materia. Almas ágiles, la Voluntad suprema

os dio el ímpetu como dio su brillo a la gema.

la luz pugna en la sombre, como inmortal porfía,

por apagar la noche para encender el día

vuestro deber, el único que la Patria reclame,

es alumbrar; hermoso deber de astro y de llama.

Lleváis vosotros una milagrosa potencia:

la juventud; gastadla en la obra que perdura.

es el sueño de Fausto legendaria demencia;

la juventud no vuelve, se evapora la esencia;

querer volverla al ánfora es útil locura.

Guardad bien, almas ágiles, una sagrada herencia;

os engendró el pasado (con dolor que amenaza

con la muerte) y su sangre derramó ¿Para qué?

para darnos sin mengua, para darnos sin tasa,

a manos llenas siempre, lo que para su raza

pidió Tolstoy el Grande: pan, libertad y fe.

 

La escuela es templo que alza su pórtico divino

a todos los que buscan verdad, bien y belleza;

puede encontrar un fresco refugio el peregrino

y un cabezal en donde reposar la cabeza.

aquí no se conjura la sustancial tristeza

de la vida –ese atávico y angustioso tormento-

mas aquí hay siempre para las tempestades, faros,

para el poeta, musas; para el guerrero, aliento;

amor para las almas, y para el pensamiento

horizontes azules, luminoso y claros.

No puede dar la escuela felicidad; no existe

la ilusión inefable: el hombre nació triste.

 

Mas la verdad es fuente, que, lavando impurezas,

limpia el dolor de vanas y efímeras tristezas.

El ideal por ellas se enaltece y sublima,

y se arranca del suelo y se calva en la cima.

La verdad nutre al hombre de confianza en sí mismo.

La verdad es la ciencia, que es todopoderoso

y si en la escuela el hombre cual sacerdote oficia,

le rompe la crisálida del mal y el egoísmo,

para que vuele libre como una mariposa

en pos de amor, de arte, de bien y de justicia.

 

Yo vengo a saludaros; que tras las rudas pruebas

conservéis vuestro empuje como su luz la aurora.

¡oh juventud que vienes y al ideal te elevas,

que mis palabras caigan como estimuladora

caricia suave y tibia sobre las almas nuevas!

 

Es solemne el momento; la multitud se inclina

hacia el horno encendido; hierve el bronce y fulgura;

cruje el molde y humea; y a la luz que fascina,

todos mudos t atentos, quieren ver la divina

aparición gloriosa de la Patria Futura.