MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

La Jornada Nacional de Oratoria y la necesidad de educar al pueblo

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Hablar bien normalmente se corresponde con pensar bien, puesto que las palabras no son sino materialización del pensamiento. Pero, para explicarse a derechas el mundo, la realidad, es y ha sido necesario, desde mi punto de vista particular, razonar con rigor.

Aunque durante muchos siglos se creyó que para conocer la realidad tal como es bastaba el método aristotélico y su lógica formal, dicho método dejó sin resolver formidables retos, por ejemplo, las aporías de Zenón y Parménides de Elea (como aquella de que le era imposible a Aquiles alcanzar a una tortuga, puestos en los puntos A y B respectivamente, de la recta numérica, porque cuando aquel llegara a B, la tortuga estaría en C y así sucesivamente hasta el infinito), o las antinomias de Kant, reedición de aquellos planteamientos de los filósofos eleatas.

Es necesario, como en la época floreciente de la república romana, que aparezcan de nueva cuenta los tribunos de la plebe, con la intención de asumir la defensa y protección de los débiles, de los marginados de siempre.

Quien vino a resolver un tanto este tipo de problemas fue la dialéctica de Hegel, aunque como método enfocado en el desarrollo de los fenómenos datara también de antiguo la dialéctica, sobre todo en la filosofía de Heráclito de Éfeso, entre otros.

El método hegeliano, como es sabido, fue superado amplia y dialécticamente, así como puesto a punto por los universales Carlos Marx y Federico Engels, quienes le dieron el toque final que la convirtió en la dialéctica materialista, método científico por excelencia que no se constreñía sólo a los límites particulares de cada ciencia, sino que se ubicase como el método general del conocimiento al descubrir las leyes del desarrollo tanto del universo como de la sociedad y del pensamiento.

Tal razonamiento me parece necesario para tratar de dar un pálido reflejo de la importancia y trascendencia de la próxima Jornada Nacional de Oratoria, emprendida por el Movimiento Antorchista Nacional, pues está empeñado en hacer que la cultura en general, en sus distintas expresiones, llegue al pueblo, la practique, la haga suya y permita que su bienhechora influencia le transforme.

La intención es que la cultura se vuelva herramienta de uso corriente para el pueblo para poder comprender la esencia de los fenómenos, haciendo que su conocimiento traspase la mera apariencia o forma fenoménica de los hechos, para poder ver lo que realmente en el fondo son y hacerse de un pensamiento más abarcador, completo y profundo que le permita identificar los nexos existentes entre los diversos fenómenos de la realidad, la regularidad de esos mismos nexos, así como el continuo proceso de desarrollo de los fenómenos, y pueda orientarse con seguridad entre las múltiples y diversas formas del mundo, que le hacen parecer un completo caos sin orden ni concierto.

Abundan en estos tiempos teorías, hipótesis e intentos de explicación de las cosas que ocurren en la actualidad, algunas serias, otras no tanto y algunas otras, incluso, verdaderamente fantasiosas y disparatadas, pero vemos que se venden como pan caliente porque la desazón, la inquietud y la incertidumbre creada por la casi inminente cercanía, si no del fin del mundo, sí al menos del fin de la humanidad y la civilización. Estas son víctimas de la locura supremacista y el ansia de poder absoluto, cuyo fondo es económico; de los intereses de una élite de supermilmillonarios que necesitan a todo mundo trabajando para ellos y así poder acrecentar la concentración de sus grandes capitales, amasando cada vez mayores volúmenes de plusvalía y apropiándose, por la fuerza, de recursos naturales que según sus propias leyes y reglas, así como el derecho internacional, corresponden en propiedad a los pueblos que habitan ancestralmente esos territorios.

Y a los pueblos ¿qué les queda? ¿Quién podrá salvarlos si no son ellos mismos? Nadie, desgraciadamente. Por eso es necesario, indispensable e impostergable, que alguien los guíe, oriente y enseñe; que alguien los provea de las herramientas necesarias y les enseñe a usarlas de manera correcta y eficaz en su beneficio.

Para eso es necesario que la ciencia, en los diferentes campos, forme parte del acervo cultural de las grandes masas adormecidas por tanta propaganda, ideología y productos chatarra que la abruman para impedirles un pensamiento sano y la formación de una conciencia crítica acerca de la realidad del mundo, de la sociedad y el pensamiento.

Es necesario, como en la época floreciente de la república romana, que aparezcan de nueva cuenta, sobre un plano superior del desarrollo social, los tribunos de la plebe, si no como una magistratura institucional como la de aquellos tiempos, sí con el mismo sentido e intención de asumir la defensa y protección de los débiles, de los marginados de siempre.

Y esto no por filantropía sentimentalista o por condescendencia, sino enarbolando la luz de la ciencia y la convicción del férreo desarrollo de los pueblos y de la sociedad en general, que da paso, quiérase o no, a nuevos y mejores estadios de la convivencia humana.

En una palabra, es necesario educar al pueblo trabajador, que lo es precisamente, parafraseando las glosas críticas al programa de Gotha hechas por Carlos Marx, porque en la producción se determina cuánto ha de hacerse en el terreno de la distribución, y en este sistema que no dota a los trabajadores de las condiciones de producción, es decir, al privarlos de los medios que se ocupan para poder producir y dejarles sólo la condición de contar con su fuerza de trabajo, es lógico que sólo puedan recibir los medios de vida que apenas les alcanzan para sobrevivir como individuos y como clase.

Por eso es necesario que la gente de a pie: los obreros, las amas de casa, los campesinos, los pequeños comerciantes y los estudiantes pobres que por más que se esfuercen no lograrán en la sociedad actual ser los poseedores del gran capital porque está organizada precisamente para que así sea, es necesario que conozcan el fondo de las cosas, que “vea” con sus propios ojos la realidad, tal cual es, pero alguien le tiene que enseñar la verdad, y si es de manera bella, cuanto mejor.

A eso está llamado el orador que asuma con responsabilidad su papel, el orador que el pueblo y el país necesita en estos tiempos. Para eso, buen ejercicio resulta la Jornada Nacional de Oratoria del Movimiento Antorchista Nacional a celebrarse el domingo 8 de febrero de 2026.

Es la hora: “Juventud al combate… caballeros andantes, al torneo; águilas solitarias, al espacio”, como bien diría el poeta poblano Gregorio de Gante.

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