FEDERICO LóPEZ CABALLERO
"Conocí a Antorcha por medio de mi esposo", dice Gudelia Méndez. Desde que éramos novios él me invitó a la organización, a los círculos de estudio, hasta hicimos kermeses y bailes para comprar un terreno donde hicimos un kínder; siempre le gustó hacer cosas por la gente. Antes no teníamos lechería, no teníamos prepa, que fue una de las gestiones en las que estuvo al frente, y no teníamos biblioteca, varios puentes se hicieron, se pavimentaron varias calles", se dijo orgullosa de las gestiones de quien fuera su pareja, hombre organizado en Antorcha.
Federico López trabajó en Apipilhuasco, municipio de Tepetlaoxtoc, donde dejó huella en el trabajo antorchista. Fue delegado y participó en todos los comités de escuelas en donde pudo, fue primer regidor y ocupó varios cargos como servidor público en su comunidad. Era un verdadero activista de Antorcha.
18 de agosto
Lo que se supone sería una fiesta, terminó en tragedia. "Fue un día, para mí, muy feo. Primero, pasamos por los compañeros que nos iban a acompañar; fue muy temprano. Llegamos al jardín. Lo fui a buscar porque él estaba al frente, y me dijo: ‘vete para en medio porque están muy agresivos’. Yo le dije, ‘pero si nosotros no les hemos hecho nada’. Lo busqué porque no habíamos ni desayunado, por eso le llevé algo. Y no tenía ni quince minutos que lo había visto, cuando empezó todo el problema", recuerda con lágrimas en los ojos doña Gaudelia.
Se escucharon disparos, llovieron piedras, un helicóptero rondaba el lugar, vigilando o coordinando la agresión ¿quién lo puede asegurar? Caos, disparos en todas direcciones, la gente caía por doquier. Los recuerdos se agolpan en la mente de Gudelia, aún así ella continúa su historia: "Nosotros, tratábamos de cubrirnos ahí, al lado del quiosco, ¡nos cerraron la iglesia!; de repente alguien cayó a nuestros pies, le había alcanzado una bala en la frente. Me quedó grabada su cara porque le corrió una lágrima de sangre. A los pocos minutos, a mi lado, cayó una muchacha con un balazo en la pierna. Tuvimos que llevarla a una casa donde nos abrieron, sin conocernos; hasta hoy, no sé ni quién nos ayudó", comenta.
¿Y cómo lo vivió Erandi, una de sus hijas?
"Si me dicen 18 de agosto se me apachurra el corazón, pero luego pienso que para hacer grandes transformaciones en nuestro país, no van a dejar hacerlo tan fácil. Tenía 14 años. Yo no fui al evento. Son tristes recuerdos. En la mañana, recuerdo que llegaron mis papás a despedirse, iban a festejar que habíamos ganado en Chimalhuacán, era un logro grande, era un municipio muy pobre, estaban muy contentos. Mi padre, para despedirse, me dijo: ‘deséanos suerte’. La noticia llegó muy noche, muy tarde con los noticieros y tergiversada, sólo habían dicho que había un enfrentamiento y yo me atormentaba, no sabía nada, pero pues, me imaginaba. Cuando dieron la noticia de que mi padre había fallecido, me dolió mucho y me sigue doliendo, me imaginé lo que estaba pasando por su cabeza cuando agonizaba: ¿qué será de mis hijas, qué será de mi esposa? Me hubiera gustado decirle que se fuera tranquilo, que nosotros estamos con la organización, estamos con Antorcha y no nos van a dejar solas", recordó con nostalgia.
¿Cómo era Federico?
"Las cartas que él me escribía, me describía cómo era yo: decía que era muy ojona, muy besona, muy risueña, me decía muchas cosas", recuerda con cariño su mujer. Por otro lado, su hija, Erandi, lo recuerda de manera especial. "Mi papá, aunque tenía un carácter fuerte, era muy tierno. Un seis de enero, nos levantamos mi hermana y yo, como todos los niños, a recibir nuestro regalo de Reyes. Ibamos muy contentas. Cuando llegamos al árbol nos encontramos una sorpresa: una muñeca despeinada, un payasito sin tambor, un osito sucio, muñecos en muy mal estado ¡nuestros juguetes viejos!, y una carta de los Reyes Magos. Me dije: ‘No puede ser, esto no está pasando, ¡es por tu culpa Jeni!’, le reclamé a mi hermana. No sabíamos leer, estábamos muy pequeñas, así que mi papá leyó la carta, decía: ‘por no cuidar sus cosas, hemos decidido no dejarles juguetes nuevos, tienen que aprender a cuidarlos, aprender a valorarlos’. Con lágrimas en los ojos, y una vez aprendida la lección, mi papá nos llevó a otro cuarto ¡ahí estaban nuestros juguetes nuevos! Así era él, siempre trataba de darnos una lección".
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