MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

En Puebla, el Estado desdeña el derecho a la educación

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La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su artículo tercero, afirma que todas las personas tienen derecho a recibir educación, y que ésta, desde el nivel básico (preescolar, primaria y secundaria) hasta el medio superior será obligatoria e impartida por el Estado; pero no sólo eso, también señala claramente -entre otras cosas- que la educación tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano. Además, que el Estado garantizará la calidad en la educación obligatoria de manera que los materiales y métodos educativos, la organización escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y los directivos garanticen el máximo logro de aprendizaje de los educandos.

Sin embargo, en Puebla se puede observar, con tristeza e indignación, que esto no pasa de ser letra muerta. Aquí ni las autoridades educativas ni gubernamentales se preocupan y menos ocupan en brindar cabalmente este derecho, que como mexicanos, tenemos. Vemos en los hechos que en diversos municipios de Puebla aún existen escuelas que carecen de lo más elemental. Les falta butacas, pizarrones, techos, incluso aulas, sanitarios, docentes y aun los servicios más elementales como agua, drenaje y electricidad. En el colmo, existen telesecundarias y telebachilleratos que no tienen electricidad, ¿no es esto una burla para los jóvenes y para sus padres que con mucho esfuerzo los mandan a la escuela? Si el Estado no hace su trabajo, ¿qué hace entonces? Si no cumple con su obligación, ¿quién lo va a hacer? ¿Quién llevará una educación de calidad a las masas depauperadas, o es permisible que el Estado haga distinción de clases y eduque sólo por quien siente preferencia?

Esta realidad es diametralmente opuesta a la visión que tiene el Movimiento Antorchista respecto a la educación. Estamos seguros que, efectivamente, la educación debe servir para desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano; por eso, el ala magisterial de nuestra organización tiene un proyecto bien definido y estructurado sobre cómo debe ser la educación para crear al "hombre nuevo", una persona que eleve su espíritu y sea sensible a los problemas de sus semejantes, que sienta empatía con ellos y ponga toda su capacidad al servicio del pueblo trabajador para ayudarlo a salir de la marginación en la que se encuentra confinado.

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Queda claro a todas luces que la educación que se brinda al pueblo depauperado no es de la misma calidad a la que tienen acceso los sectores sociales mejor posicionados económicamente. Para muestra un botón. Partamos de un ejemplo tangible, la infraestructura educativa. En municipios como Chalchicomula de Sesma, Huejotzingo, Amozoc, Tehuitzingo, Santa Rita Tlahuapan, Olintla, Atlixco, Jalpan, Pantepec y en la propia Angelópolis, sólo por mencionar algunos, existen escuelas de diferentes niveles que presentan graves carencias que van desde construcción la primera etapa, es decir, funcionan solamente en aulas provisionales, hasta módulos sanitarios, laboratorios, mobiliario y servicios básicos, y la pregunta es ¿quién va a resolver estas necesidades? ¿Cuándo se van a resolver?

En los hechos, queda demostrado que ni las autoridades estatales, municipales, ni educativas como el Comité Administrador Poblano para la Construcción de Espacios Educativos (Capcee) y la propia Secretaría de Educación Pública han mostrado interés en resolver, aun y cuando es su total obligación. En la ciudad de Puebla existen por lo menos 11 escuelas con graves carencias; ante esto, los padres de familia, los docentes y los propios estudiantes han buscado el respaldo de Antorcha Popular, Antorcha Magisterial y Antorcha Estudiantil, es decir, del Movimiento Antorchista en su conjunto para abanderar estas demandas tan apremiantes que no pueden, ni deben, quedar en la sala de espera.

Ante estos hechos, el antorchismo poblano ha acudido en múltiples ocasiones a las instancias correspondientes en busca de una solución pronta y viable en beneficio de los estudiantes. Una, otra y otra vez hemos acudido a donde se nos ha llamado; hemos cumplido con los requisitos que se nos piden; hemos respetado los plazos que nos indican; y hasta la fecha, no hay resultados concretos, muestra clara de que en Puebla se desdeña el derecho a la educación. Hace falta, pues, que la política educativa se revise verdaderamente para que cambie lo que se deba cambiar para brindar a los hijos del pueblo una educación de calidad.

Ante esta disyuntiva ¿qué debe hacer el pueblo organizado para hacer valer su derecho a la educación en los términos que marca la propia Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos? ¿Cuánto desprecio de las autoridades correspondientes deben aguantar los estudiantes por exigir una educación de calidad? Que no se culpe a los estudiantes, si una vez agotado todos los plazos fijados e incumplidos por las propias autoridades, salgan a las calles en compañía de sus padres y maestros a denunciar públicamente su hartazgo provocado por la negligencia del Estado. Que conste.

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