• Huitzilan demuestra que organizar a los colonos es clave para vencer la marginación de sus comunidades
Hay varios personajes de la vida pública que afirman que el desarrollo de los municipios se da de manera natural. Dicen que basta con que le lleguen los recursos federales al gobierno municipal para aplicarlos en obras.
El discurso suena convincente, pero oculta un problema profundo y confunde sobre lo que la realidad ha demostrado. El progreso de las poblaciones, así como su liberación, es obra de la gente unida y organizada.
El problema de fondo es estructural y tiene que ver con el modo de producción capitalista actual. Este busca concentrar la máxima ganancia en unas cuantas manos a costa de la miseria de las masas trabajadoras.

Este sistema se apoya en varias herramientas para lograrlo; un ejemplo es el Estado. Dentro de este se encuentran los gobiernos, cuya tarea principal es proteger los intereses de la clase dominante.
Hay excepciones en algunas administraciones locales que surgieron de las entrañas del pueblo. Tal es el caso de los gobiernos antorchistas.
La realidad del capitalismo se refleja en varios indicadores que muestran la agudización de la miseria. También revelan un estancamiento del desarrollo gracias al papel activo de los gobiernos serviles.
Por ejemplo, la pobreza afecta a más de 90 millones de mexicanos. La precariedad laboral tiene al 55.1 % de la población económicamente activa en la informalidad, sin prestaciones y sin un salario seguro.

Además, existe una pérdida del poder adquisitivo al elevarse el costo de la canasta alimentaria a 67 % en los últimos ocho años. A esto se suma la alarmante crisis educativa nacional.
Según la prueba PISA 2025, en México siete de cada diez jóvenes no logran las competencias matemáticas mínimas. En lectura, apenas la mitad alcanzó el nivel básico.
No se diga de la obra social, en situación cada día más crítica. Primero, porque ha quedado relegada para dar prioridad a las magnas obras de la iniciativa privada o a las faraónicas que no sirven para nada.
Un claro ejemplo de esto es la refinería Dos Bocas. Esto ocurre sobre todo en los últimos siete años bajo el fallido proyecto de la 4T.
En su edición mil 254, la revista buzos de la noticia publicó un dato relevante. Señaló que el gobierno federal asignó 135 mil millones de pesos en el presupuesto 2026 para la construcción de obra pública.

Esta es una bolsa que deberá repartirse entre los 32 estados y los 2 mil 471 municipios. En contraste, la administración central anunció un paquete de inversiones enfocado en grandes capitales.
Este fue "destinado a apoyar con más 'obras de infraestructura' a los casi 500 'parques industriales' existentes". Con este objetivo se tiene prevista una bolsa de 5.6 billones de pesos a invertirse durante los próximos cuatro años.
Empezaron este año con el doble de recursos para la iniciativa privada: 277 mil millones de pesos. Habrá quienes digan que se beneficia a empresas que generan empleos.
Sin embargo, eso no mejora directamente los salarios ni la situación de explotación de los trabajadores. Frente a este panorama, todavía hay quienes aseguran que el desarrollo es automático.
¿Acaso pecan de inocentes al ignorar la situación actual del país? O pecan de perversos, porque la ocultan a propósito.
En este contexto, veamos la situación concreta de Huitzilan de Serdán. Hace unos días, el presidente municipal Josué Elías Velázquez Bonilla dio el banderazo de inicio de varias obras.
A partir de marzo de 1984, las administraciones huitziltecas caminan con el respaldo del pueblo organizado y bajo el ideal de que la unidad y la lucha son las armas para cambiar la situación material de las masas trabajadoras.
Estas arrancaron en la zona de San Miguel del Progreso, Zoyotla y Totutla. Varias voces, escandalizadas, minimizaron el trabajo diciendo que los pueblos deben progresar porque el gobierno federal les manda recursos.
Asimismo, afirmaron que no se asusten por los banderazos, ya que es obligación del ayuntamiento atender las necesidades. Si es cierta su afirmación, ¿por qué llaman a no asustarse? ¿Sólo porque el ayuntamiento antorchista inició varias obras junto a un número importante de pobladores?
Recordemos que el gobierno es una herramienta de la clase dominante, pero hay excepciones. La administración huitzilteca es un claro ejemplo de ello.
En la década de 1970, el ayuntamiento estaba bajo la tutela del cacicazgo de la zona. Para la década de 2020, operaba bajo la dirección del proyecto de desarrollo del Movimiento Antorchista.

De 1970 a 2020, el municipio pasó de una cobertura de luz eléctrica del 15 % al 97.8 %. En acceso al agua potable, avanzó del 15 % al 96.4 %, y en drenaje sanitario, del 10 % al 90 %.
También pasó de contar con unas cuantas calles empedradas, a poco más del 90 % con pavimento hidráulico.
Además, creció de ocho instituciones educativas a 54, por mencionar algunos rubros. Si es una obligación hacer obras, entonces ¿por qué no las hicieron las administraciones bajo tutela caciquil?
¿Por qué ahora se pueden hacer obras y sostener el desarrollo, a pesar del contexto nacional? La respuesta es el pueblo organizado.
A partir de marzo de 1984, las administraciones huitziltecas caminan con el amplio respaldo social. Se rigen bajo el ideal de que la unidad y la lucha son las herramientas para triunfar.

Estas permitirán cambiar la situación material de las masas trabajadoras. Gracias a ello, han conquistado la tranquilidad social y el desarrollo sostenido, que todos los días se forja, se cuida y se defiende.
Ese progreso no es automático y menos por obra y gracia de los recursos federales. Ya vimos a quién le da prioridad el gobierno al aplicar su política económica.
Hemos comprobado que el progreso no llega cuando la administración local no obedece a los intereses de la gente. Ahora hay varios comités ciudadanos que administran recursos federales.
Estos han manifestado que el dinero no les alcanza para todo lo que solicita la población. La realidad les está mostrando que no basta con que el gobierno federal mande recursos.
De ahí la loable labor para conseguir el desarrollo sostenido de Huitzilan. Este se viene construyendo desde hace 42 años con el firme respaldo popular detrás de las administraciones antorchistas.

Esto ha permitido atender las necesidades más sentidas de la población y luchar por recursos adicionales para obras y servicios.
Hay un trabajo colectivo que no descansa, que no se detiene ante la represión aplicada en las políticas económicas de los gobiernos subordinados a la clase en el poder.
"Huitzilan de Serdán, un caso exitoso de desarrollo en municipios indígenas", aseguró en un análisis un experto. Se trata del doctor en desarrollo económico por la London School of Economics, Abel Pérez Zamorano.
Este éxito es ejemplo y forma parte de un proyecto nacional. Dicho plan busca avanzar en todo el país para lograr una vida más digna para las masas trabajadoras.
Esta es una tarea monumental que sólo puede conseguir el pueblo unido y organizado.
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