Durante 52 años, el Movimiento Antorchista Nacional ha fomentado el arte y la cultura entre el pueblo pobre de México, algo que para muchos parecía imposible dadas las ocupaciones de nuestra organización en la lucha constante por lograr mejores condiciones de vida para los menos favorecidos, que hoy suman 100 millones de seres humanos que viven en la miseria y que son marginados de las autoridades.
En un contexto donde con frecuencia se reduce la cultura a espectáculo pasajero, la experiencia de la feria de Tecomatlán muestra que hay alternativas.
A lo largo de estas más de cinco décadas, Antorcha se ha propuesto no sólo luchar por conquistas en infraestructura para los pueblos y colonias, que van desde la construcción de clínicas, caminos y escuelas en todos los niveles, centros deportivos y culturales, vivienda e introducción de servicios básicos, sino que también se ha dado a la tarea de implementar una labor titánica para concientizar al pueblo, para que en primer lugar conozca y valore sus derechos constitucionales y luche por su cumplimiento, así como para que entienda la urgencia de educarse para que en un futuro próximo el pueblo pueda tomar el poder político, algo que urge y necesita nuestro país, sobre todo en estos tiempos de complejidad global.
Urge un gobierno consciente, que realmente sea emanado del pueblo y que, por ende, sus acciones vayan encaminadas a mejorar las condiciones del propio pueblo, no como hasta ahora, que quienes nos gobiernan y han gobernado sólo han favorecido a las clases élite, puesto que son su familia.
El pueblo debe entender y meterse en la cabeza esta urgencia, y sobre todo que esto solamente podrá lograrse si nos atrevemos a romper con lo establecido y, en primer lugar, prepararnos, porque un pueblo inculto difícilmente podrá cambiar el sistema de cosas imperante.

Por ello menciono que esta es en verdad una labor titánica, dada la gran cantidad de años en los que el pueblo mexicano ha sido sometido a la voluntad de los poderosos, quienes, con ayuda de los medios de comunicación al servicio del poder, de una serie de distractores y a través de la explotación misma, han hecho del pueblo de México uno temeroso y enajenado en sus asuntos más próximos, dejando de lado la obligación histórica que tiene: gobernar a México y hacerlo bien, formando las bases para un país más justo.
En este largo andar, Antorcha ha entendido que una de las actividades primordiales para lograr sus objetivos y que esto fluya con éxito es precisamente el arte y el deporte, actividades a las que ha puesto especial cuidado.
Algo que para muchos parecía imposible, incluso para sus propios activistas, por el trabajo que ello implica, ahora se ha convertido en algo cotidiano. Cuando asumimos nuestro compromiso como activistas sabemos de sobra que debemos llevar conciencia al pueblo y, a través del deporte, la cultura y el arte, ir cambiando su mentalidad.

A lo largo de más de cinco décadas, Antorcha ha demostrado en distintos foros el trabajo que se hace en este terreno, y precisamente lo estamos viendo con la Feria Tecomatlán 2026, denominada “Feria de la unidad entre los pueblos”.
Bastante se ha remarcado que la de Tecomatlán no es una feria común, sino que es la síntesis de la cultura y el arte que se derrocha en grandes cantidades, uno de los eventos más importantes organizados por Antorcha a lo largo y ancho de nuestro país.
Precisamente, lo ocurrido en esta edición de la feria no fue un hecho aislado ni un espectáculo improvisado. Fue la expresión concreta de un proyecto cultural que ha echado raíces profundas, donde artistas capitalinos formados en las filas del antorchismo participaron tanto en el desfile como en el programa artístico, demostrando que el talento que nace en las colonias populares y en las escuelas públicas puede alcanzar un alto nivel cuando se cultiva con disciplina y constancia.

Aquí, precisamente, nuestro estatal Ciudad de México aportó su granito de arena, primeramente en su desfile, donde fue la primera muestra de ello.
El grupo de danza de la preparatoria Lázaro Cárdenas, plantel Cuautitlán Izcalli, participó con entusiasmo, coordinación y orgullo. Sus trajes, su energía y su seguridad no sólo adornaron las calles de Tecomatlán, sino que reflejaron horas de ensayo y formación.
Este grupo está integrado por jóvenes que estudian y que, al mismo tiempo, dedican parte de su vida al arte, convencidos de que la cultura es una herramienta para elevar el espíritu y fortalecer la identidad colectiva. Verlos desfilar fue confirmar que las nuevas generaciones continúan el camino que Antorcha ha trazado desde hace 52 años: llevar arte al pueblo y formar artistas comprometidos con su entorno.

Pero nuestra participación no sólo se quedó aquí, sino que en el auditorio “Clara Córdova Morán” se vivió otro momento significativo, cuando los cantantes capitalinos, todos ellos triunfadores en los concursos de canto organizados por Antorcha y en la Espartaqueada Cultural Nacional, ofrecieron un recital musical que emocionó profundamente al público.
No se trata de artistas ajenos a la realidad social; son jóvenes y adultos que se han formado en el pueblo y que siguen siendo parte de él. Su presencia en el escenario es resultado de un proceso formativo que combina estudio, disciplina y un profundo compromiso con la difusión de la cultura mexicana.
Las canciones interpretadas, obras de grandes compositores mexicanos, despertaron memorias y sentimientos muy bellos en quienes los escucharon. Fueron melodías románticas y entrañables que forman parte del patrimonio musical del país.

Cada pieza fue interpretada con técnica y sensibilidad, logrando que el público no sólo escuchara, sino que se identificara y participara con aplausos cálidos y sinceros. Fue un recital que demostró que el arte bien ejecutado no necesita gran presentación, sino que basta la voz, la entrega y la conexión auténtica con quienes escuchan, el público.
La Feria de Tecomatlán 2026 reafirmó así su carácter como espacio de encuentro entre los pueblos, pero también como escenario donde el arte ocupa un lugar central.
No es casualidad que, después de 52 años, el Movimiento Antorchista continúe apostando por la cultura como parte esencial de la formación integral del ser humano.
Frente a una realidad donde muchas comunidades carecen de infraestructura cultural y donde el entretenimiento superficial suele imponerse, Antorcha ha insistido en rescatar la música, la danza, la poesía y el teatro como expresiones que educan y elevan al ser humano.

Lo más valioso de lo ocurrido en Tecomatlán es que los artistas que se presentaron no surgieron de academias elitistas ni de grandes corporaciones culturales, sino que son la cosecha del trabajo organizado en colonias, escuelas y comunidades.
Han crecido en concursos populares, han competido en escenarios nacionales como la Espartaqueada Cultural y han demostrado que el talento no es exclusivo de unos cuantos. Son artistas que se han formado en el pueblo y que entienden el arte como un servicio para el propio pueblo.
En un contexto donde con frecuencia se reduce la cultura a espectáculo pasajero, la experiencia de la feria de Tecomatlán muestra que hay alternativas. Lo visto en el desfile y en el recital musical no fue solamente entretenimiento; fue la confirmación de que cuando se brinda oportunidad y orientación, el pueblo puede crear y disfrutar arte de gran calidad.
A lo largo de 52 años, el Movimiento Antorchista Nacional ha demostrado que la cultura no es un adorno, sino una necesidad. La presencia de los artistas capitalinos en la Feria de Tecomatlán 2026 es prueba de que nuestra actividad cultural sigue dando frutos.
Mientras haya mexicanos dispuestos a cantar, danzar y declamar, mientras existan espacios donde puedan presentarse con dignidad; y mientras el pueblo siga respondiendo con aplausos sinceros, el proyecto cultural que nació hace más de medio siglo continuará vivo, recordándonos que el arte, cuando nace del pueblo y vuelve al pueblo, se convierte en una fuerza transformadora.
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