• Morena ataca a las organizaciones sociales mientras facilita la creación de agrupaciones afines a su proyecto
Desde la llegada de Morena al poder, han sido muchos los temas en tendencia; el mal manejo de la educación, el mal manejo de la pandemia y los problemas internos del partido en la lucha por el poder demuestran que le han quedado a deber a los mexicanos.
Andrés Manuel López Obrador descalificó a las organizaciones civiles por supuesta corrupción mientras utilizó su influencia política para gestionar sus propios proyectos, lo que evidencia una contradicción entre su discurso y sus acciones.
Desde su campaña y ya durante su mandato, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se encargó de desprestigiar y tratar de desaparecer a las organizaciones sociales y a las asociaciones civiles con el discurso de que recibían moches y sus líderes se enriquecían.
Este discurso de menosprecio y rabia, con el que se ganó a la gente más humilde a través del mensaje de “primero los pobres”, no era más que demagogia barata; se le olvidó mencionar que eran los pobres de su casa, porque todos fuimos testigos de que su hermano Pío López Obrador recibió dinero en efectivo y se justificó diciendo que eran “aportaciones” del pueblo.
Los acontecimientos no mienten: a lo largo de la historia de los movimientos sociales en todo el mundo, uno de sus objetivos ha sido organizar y luchar junto con su gente para cambiar las condiciones de vida. Para llegar a ese objetivo han sido necesarios varios métodos de lucha: en primer lugar, la organización, seguida de la educación y, por supuesto, la manifestación como último recurso para exigir a los gobernantes que resuelvan las demandas más urgentes.

Por tanto, se llama asociación civil a una organización con personalidad jurídica (de derecho privado) y sin ánimos de lucro, cuyos esfuerzos persiguen fines culturales, educativos, deportivos, divulgativos o similares. Su existencia depende de los donativos de sus miembros asociados, representados en una asamblea general.
Dicho de otro modo, las asociaciones civiles son una forma de organización privada con fines altruistas, que responden a sus propios estatutos (recogidos por escrito en un documento constitutivo) y se gestionan de manera autónoma, aunque se encuentran sometidas, como cualquier otra organización, a los designios de la ley.
Este tipo de asociaciones son comunes hoy en día y son importantes para permitir la organización de iniciativas benéficas privadas sin la intermediación o el control directo del Estado, lo cual permite no sólo mayor agilidad burocrática, sino también márgenes más altos de compromiso por parte de los asociados y, a la larga, mayor efectividad en el cumplimiento de sus objetivos solidarios.

Como muchos otros aspectos jurídicos, las normas y requerimientos de una asociación civil varían dependiendo del marco legal de cada país.
Lo cierto es que, mientras ahora López Obrador pide apoyo a una organización civil, durante su gobierno construyó un discurso profundamente rabioso y exterminador contra los organismos de la sociedad civil; se fue en contra de fundaciones, asociaciones civiles y colectivos que, durante décadas, habían participado en programas sociales o en la atención de problemas públicos. Fueron señalados reiteradamente desde el poder como intermediarios innecesarios, cuando no como estructuras creadas para desviar recursos.
El mensaje comenzó desde el inicio del sexenio. El 14 de febrero de 2019, el entonces presidente dijo: “Nosotros ya no vamos a entregar recursos a organizaciones ni a fundaciones; para eso es el gobierno”.
Todo esto se quedó únicamente en el discurso, puesto que nunca pudo comprobar que en las organizaciones existiera algún problema, como sí se ve en su mismo partido, donde claramente se refleja la ambición de tener más.
La austeridad no ha sido ejemplo, porque todos vemos los lujos con los que viven los políticos y allegados morenistas mientras que el pueblo trabajador sigue enfrentando los mismos problemas; mientras los integrantes de Morena se pueden curar en caros hospitales, los trabajadores no cuentan ni con un paracetamol en el centro de salud.

El discurso contra las organizaciones lo cambió por apoyo directo a la comunidad y es así como hoy en día se da recurso económico a la gente, con lo que lo único que hace es anestesiarla ante todos los problemas reales que se viven cada día; porque es cierto que 6 mil pesos mensuales sirven de algo para el hogar, pero eso no soluciona que el sistema de salud siga siendo raquítico ni la falta de servicios en las colonias.
Visto de esta manera, lo que podemos deducir es que el Estado beneficia sólo a unos cuantos, mientras al pueblo se le pide realizar muchos trámites para poder organizarse, trámites que llevan meses o años, y muchas veces ahí se quedan archivados.
En contraste, a AMLO le admitieron la formación de una asociación civil en sólo unos días. Mientras el pueblo sufre la falta de asociaciones civiles, AMLO se despacha con la cuchara grande.
Y no sólo eso, contradice su discurso: por un lado, niega la existencia de organizaciones porque reciben moches; por otro, crea organizaciones civiles a su conveniencia política en tan sólo horas.
Por ello, aunque siga habiendo un discurso de odio hacia las organizaciones, debemos entender que son la única alternativa para lograr un cambio. Este cambio lo van a realizar los pueblos, pues son quienes tienen en sus manos el poder de hacer un llamado a todos los sectores a la unidad popular.
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