Somos un país muy trabajador, pero con mucha pobreza y hambre. De acuerdo con los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), publicados en diciembre de 2025, los mexicanos trabajamos en promedio un total de 2 mil 193 horas al año.
Somos parte de los diez países en donde más se trabaja, lo cual no implica que nos paguen más, sino que nos explotan mejor para beneficio de los empresarios; para que tengan más ganancias.
Somos parte de los diez países en donde más se trabaja, lo cual no implica que nos paguen más, sino que nos explotan mejor para beneficio de los empresarios; para que tengan más ganancias.
La propia OCDE recomienda que las horas laborales deben situarse en mil 736 por año. En México superamos esa cantidad por 457 horas al año, o sea, un total de 57 días de trabajo de ocho horas. Somos, pues, un país muy trabajador.
Pero no en todos lados se vive el mismo fenómeno: por ejemplo, en Dinamarca trabajan mil 380 horas al año. Los mexicanos superamos a Dinamarca con 813 horas de trabajo al año.
Sin embargo, la mayoría de los trabajadores mexicanos tienen salarios de miseria, que no alcanza para llevar el sustento diario a la familia.
De los 62 millones de trabajadores mexicanos, por lo menos 23.6 millones ganan apenas un salario mínimo (115 % más que en el año 2019), 17.2 millones ganan hasta dos salarios mínimos, mientras que 7.5 millones ganan hasta tres salarios mínimos. Esto implica que 48.5 millones de trabajadores tienen salarios bajos, es decir, el 80 % de los trabajadores de todo el país.

Todos sabemos que con uno o dos salarios mínimos jamás saldremos de la pobreza; según Julio Boltvinik somos más de 100 millones de personas pobres en México.
Pero en los últimos cinco años, el empresario mexicano Carlos Slim “ganó en un segundo lo que a una persona promedio en México le toma una semana completa de trabajo”, dice el informe global “Contra el imperio de los más ricos”, publicado por la Oxfam el 19 de enero pasado.
Es decir, bajo los gobiernos de la 4T los empresarios han multiplicado sus fortunas. Hace unos años, Andrés Manuel López Obrador sostuvo que los empresarios no pierden dinero, sino que se hicieron más ricos con su gobierno.
La nota: “Creció 30 % fortuna de los superricos de México”, de La Jornada, sostiene: La riqueza de las cuatro personas más acaudaladas de México “aumentó en promedio 30 % desde que comenzó la actual administración en octubre del año pasado.

Carlos Slim, Germán Larrea, Alejandro Baillères y María Asunción Aramburuzabala han visto crecer el patrimonio” (12 de noviembre de 2025).
¿Por qué mientras los mexicanos trabajadores no sabemos si mañana tendremos dinero para comer, llevar a nuestros hijos a la escuela o para curarlos, la clase empresarial sigue haciendo que crezcan sus fortunas?
Porque vivimos en un sistema en el que los empresarios explotan la fuerza de trabajo de los mexicanos y sólo le pagan lo necesario para medio alimentarse y volver al siguiente día a trabajar.
El gobierno de Morena y de los demás partidos son cómplices de esta explotación: crea leyes que benefician a los empresarios, les da facilidades para que los salarios sean bajos, para que haya jornadas largas de trabajo o para que no paguen impuestos. El gobierno mexicano le responde a los empresarios. Al pueblo lo deja en la miseria.

El gobierno ya no construye obras que beneficien a la población. No se hacen o remodelan escuelas para convertirlas en instituciones de alta calidad, no se construye vivienda para quienes no tienen una casa, no se equipan las clínicas ni los hospitales para atender gratuitamente a quienes se enferman o que necesitan operaciones costosas, no se pavimentan las calles, ni las carreteras y un largo etcétera de problemas que los gobiernos estatales y federal han dejado de atender.
El pueblo debe analizar esta realidad, debe preguntarse qué es lo que pasa y cómo se puede cambiar; necesita entender que debe organizarse, educarse y salir a luchar para hacer cambios radicales.
A eso los llama Antorcha, a que luchemos para erradicar la pobreza, que es la raíz de todos los males que imperan en México. Esa lucha, para que tenga esperanzas de triunfo, debe estar encabezada por un partido.
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